Resumen

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Tratamiento fibrinolítico en la embolia de pulmón




Brady WJ



Seth Althoff. Virginia Medical Centre. EE.UU.



Existe una evidencia razonable que el tratamiento fibrinolítico acelera la resolución de
la embolia pulmonar (EP) mientras que simultáneamente reduce su recurrencia. También
puede mejorar otros parámetros, como el flujo sanguíneo pulmonar, la perfusión
pulmonar y la disfunción del ventrículo derecho. Desafortunadamente, en la literatura
no se ha encontrado evidencia concluyente que demuestre una disminución de la mortalidad,
particularmente en aquellos pacientes que están clínicamente estables con riesgo
de mortalidad bajo o intermedio. Los clínicos deberían valorar el riesgo de mortalidad
de la EP y los potenciales beneficios y efectos adversos del tratamiento fibrinolítico
tanto para la parada cardiorrespiratoria como en los distintos grupos de riesgo de presentación.
En la parada cardiorrespiratoria secundaria a EP, no existen contraindicaciones
para la fibrinolisis médica, que ofrecería una oportunidad razonable de supervivencia.
En aquellos pacientes sin parada cardiorrespiratoria, clasificar en grupos de alto,
intermedio y bajo riesgo ayudará en la toma de decisiones. En la ausencia de riesgo
significativo de sangrado, aquellos pacientes que están hemodinámicamente inestables
o tienen signos de disfunción del ventrículo derecho probablemente se beneficiarían de
agentes fibrinolíticos –como por ejemplo el grupo de alto riesgo–. Las presentaciones
de riesgo intermedio demuestran menor beneficio ya que no es infrecuente que las
complicaciones superen las ventajas de la fibrinolisis. La literatura, sin embargo, es controvertida
para las recomendaciones del grupo intermedio. Y por último, el grupo de
bajo riesgo no se beneficia de la fibrinolisis. A pesar de esta clasificación, la decisión de
administrar el agente fibrinolítico es compleja; el clínico debe considerar los riesgos de
la EP conjuntamente con los riesgos de la fibrinolisis; y comparar el beneficio potencial
de este fármaco. La decisión de administrar un agente fibrinolítico en la EP continúa
siendo muy individualizada, y lo más adecuado es que sea tomada por el clínico a la
cabecera del enfermo.


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